Filosofando  ¿por qué existe el mal?

El caballoEste es un tema muy particular, es el eterno interrogante con el que se convive día a día formando parte de la cotidianidad, es la pregunta que se hace todo el mundo cuando ha sufrido algún accidente natural o un perjuicio humano, la pregunta en sí misma es una reflexión que ha dado lugar a algunas respuestas desde el mundo de la filosofía unas orientadas al señalamiento acusatorio contra Dios; y, otras que salen en su defensa, por ejemplo para el caso de la responsabilidad, el argumento del mal es: «Si Dios puede, sabe y quiere acabar con el mal, ¿por qué existe el mal?» El planteamiento de este problema se le atribuye a Epicuro de Samos (341 a.C. – 271/270 a. C.) según Lactancio (c. 245-c. 325), al preguntarse que si Dios es omnisciente, omnipresente, omnipotente y omnibenevolente, ¿por qué no quita los males? Y trae la siguiente cita: “¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De dónde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?”, y San Agustín de Hipona, sacerdote y filósofo de la iglesia católica, sale en defensa del interés Divino, justificando la presencia del  mal con el argumento de que no hay contradicción ni oposición entre la existencia de Dios y el mal; para San Agustín, el mal no existe, lo que existe, es la ausencia del bien; los seres humanos son entidades racionales a los que Dios le dio la facultad de echar mano al libre albedrio para que pudiera elegir entre el bien y el mal, así escogió el desobedecer; finalmente, dice el Santo que el mundo es bello precisamente porque en él se conjugan el bien y el mal, el mal es un bien general mayor necesario para embellecer al mundo; es muy difícil que la mente humana pueda comprender que la ausencia del bien y el libre albedrío sean justificables como un bien necesario que le da sentido a la vida; el mal es mal, en cualquiera de sus categorías es causante de sufrimientos físico y moral, siendo más comprensible la propuesta de Epicuro: El mal es corregible de existir voluntad Divina.

Para el caso pongamos como ejemplo la reflexión de NO SUELTES EL CABALLO:

“Un caballo estaba amarrado y vino un demonio y lo soltó, el caballo se metió a la finca de unos campesinos y comenzó a comerse la siembra, el dueño de la finca tomó su rifle y mató al caballo; entonces el dueño del caballo, tomó su rifle y mató al dueño da la finca, la mujer del dueño de la finca, mató al dueño del caballo; entonces el hijo del dueño del caballo mató a la mujer; los vecinos enardecidos mataron al muchacho y quemaron su casa; entonces le preguntaron al demonio: ¿por qué hiciste a todos eso? El demonio respondió, yo sólo solté el caballo.”

Aquí, ¿quién tuvo la culpa? Pues a alguien hay que culpar. Epicuro habría dicho que a Dios por soltar al Demonio (el mal); pero San Agustín habría salido en defensa de Dios argumentando: Él no tuvo nada que ver en esa trágica historia, que todo eso se debió a la ausencia de bien, todas esas personas hicieron uso del libre albedrío.

Caso parecido fue el día sin IVA en Colombia, el presidente Iván Duque emprende su bondadosa iniciativa de ayudar a las personas afectadas por el Covid-19 y de paso reactivar la economía y el empleo, autorizó que el 19 de junio los supermercados abrieran sus puertas al público; la clientela atendió al llamado y se lanzó irracionalmente a los centros comerciales a formar aglomeraciones sin el cumplido de los protocolos de bioseguridad, tampoco la autoridad ni los comerciantes hicieron mucho al respecto por lo que la población quedó expuesta al contagio con Covid-19. Aquí, ¿quién tuvo la culpa? Pues a alguien hay que culpar de la exposición al virus, pero para que no llevemos a un solo acusado al banquillo, recurramos a la figura jurídica de la responsabilidad compartida, al gobierno por su actitud displicente, por autorizar sin medir las consecuencias (por ignorancia habría dicho Platón) y a la población por su conducta irresponsable con la que puso en riesgo la salud de todos (igualmente por ignorancia).

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